Lecciòn 2 ¿Qué se entiende por “Problema”?

Icono IDevice ¿Que se entiende por problema?
En el lenguaje corriente se usa la expresión problema (problema) para referirnos a una situación molesta y perturbadora, valorada desfavorablemente por las personas. Como planteó Mario Bunge, un problema designa una dificultad que no puede resolverse automáticamente, surgiendo de la insatisfacción de un sujeto en relación con la situación específica manifiesta en el objeto. Los problemas pueden expresar dificultades, tensiones, preguntas, obstáculos, oportunidades y necesidades.
Técnicamente la expresión del problema tiene un sentido más amplio que pasa del carácter desfavorable de la situación al interés particular del sujeto: Un problema se define siempre en función de un interés particular de una persona o un grupo. Desde este enfoque las situaciones que enfrentamos no son problemas en sí mismas; son problema cuando chocan con nuestros intereses. Si alguien está interesado en el dinero, conservarlo o adquirirlo puede ser un problema para él; para otra persona a quien no le interese el dinero éste no será problema. En éste, como en otros casos, la importancia del problema se medirá en función del interés del sujeto: Mientras mayor sea mi interés por el dinero, más intenso será para mí el problema de adquirirlo o conservarlo.
Los intereses de las personas pueden derivar en intencionalidades o propósitos. Un propósito (purpose) es una representación mental cargada de afecto sobre algo que se quiere ser, tener o hacer en un futuro. El propósito es una intencionalidad con dos componentes básicos: la imagen o representación del futuro esperado y la fuerza que impulsa al sujeto a conseguir ese futuro. Mientras no hayamos aclarado nuestras intencionalidades y tengamos de ellas una imagen borrosa, tendremos dificultad para valorar las situaciones como favorables o desfavorables. Por otra parte, una imagen clara de la situación deseada no basta para que el propósito se cumpla, si no se apoya en una fuerza interior que nos impulse a buscarla y alcanzarla. Los seres humanos conformamos nuestros propósitos partiendo de nuestras necesidades orgánicas, psíquicas y sociales, y de la experiencia que adquirimos a lo largo de la vida (los propósitos e intereses tanto individuales como colectivos son históricamente determinados).
Una situación (situation) es una circunstancia o un hecho que se presenta al analista en un momento particular. Por sí misma, las situaciones no son buenas ni malas. Las situaciones pueden ser valoradas desfavorablemente por un sujeto cuando no coinciden con sus intereses e intencionalidades. Decimos entonces que tal situación, considerada desfavorablemente, es un problema para ese sujeto. Por ejemplo, una prueba de embarazo positiva puede ser un hecho feliz para algunas mujeres, mientras otras pueden considerarlo como un serio problema. En el mismo sentido, si dos personas tienen intereses contrarios, la situación que es problema para una de ellas puede ser solución para la otra. Por esta razón se considera que la valoración de problemas no es solo un procedimiento técnico, dado que conlleva también una dimensión ética y política.
Problema es entonces aquello que nos preocupa. Los problemas son el producto de nuestra valoración. La historia y la actitud de las personas también influyen en su valoración de los problemas. Algunas personas tienen la tendencia a valorar todo lo que les ocurre como amenazador y peligroso; otras perciben los cambios como oportunidades y procuran sacar de ellos el mejor partido. A los pesimistas habría que recordarles que la mayoría de las situaciones que enfrentamos a diario no son problemas por sí mismas, y aquellas que valoramos como tales son tanto más importantes (prioritarias) cuanto más fuerte sea el interés contra el cual chocan.
No todas las personas tienen la misma capacidad para valorar una situación como problema. Hacerlo implica que el sujeto tiene un grado de conocimiento que le permite relacionar la situación con ciertos eventos que él considera desfavorables.
Para las ciencias sociales, los problemas se caracterizan por tres rasgos:
  • Son usualmente mal definidos desde el punto de vista teórico.
  • Las soluciones conllevan necesariamente opciones subjetivas de valor.
  • El hecho de que se consideren o no problemas depende del grado y fuente de información que se posea.
En el primer rasgo, definir un problema suele dificultarse por el hecho de que las situaciones que intervienen en su aparición son inespecíficas y poco concretas, y a menudo se desconoce el grado diferencial de determinación entre ellas. Un buen análisis exige hacer una identificación específica de los factores relacionados con la aparición del problema, diferenciándolos de otros de menor relevancia, e identificar las relaciones entre ellos y valorar su grado de influencia sobre el fenómeno en estudio. Por otro lado, existen grandes dificultades para comprobar experimentalmente la validez y eficacia de las soluciones propuestas a problemas tan dinámicos como los que ocurren al nivel social.
Para el segundo rasgo las soluciones planteadas difícilmente son neutras desde la perspectiva ideológica. Si bien esta característica se presenta también en las demás manifestaciones de producción de conocimiento, adquiere mayor relevancia en el abordaje de las situaciones humanas y sociales, generando dos grandes consecuencias sobre los problemas analizados: la primera es que no existen soluciones correctas “únicas” y la segunda que la solución a muchos problemas necesariamente implica tener en cuenta otros puntos de vista, diferentes al del propio analista. Por lo tanto siempre existirán mejores y peores soluciones a un problema desde los diferentes criterios técnicos, ideológicos o éticos.
El tercer rasgo de los problemas sociales toca con la importancia que juegan las fuentes de información como mediadores entre el dato y el conocimiento. Se puede afirmar con algunas excepciones (geografía, historia del arte), que los datos empíricos de la realidad social se ofrecen a nuestro conocimiento ya codificados en diferentes formas: textos escritos u orales, fotografías, imágenes, objetos, mapas, tablas, gráficos, estadísticas, etc. La diferenciación entre datos perceptibles y codificados no debe tener una consideración positivista, que asigne a los primeros mayor grado de objetividad, ya que se parte de reconocer que los datos de la realidad empírica, no están exentos de la propia mirada de quien investiga.
Aún entre analistas expertos, a menudo puede costar dificultad coincidir en la forma de definir y valorar las situaciones como problemas, pues los intereses y propósitos figuran entre las condiciones que más diferencian a una persona de otra y explican, en muchas ocasiones, la infinita variabilidad de los seres humanos.
 
Actividades  para identificar y precisar el problema
Para definir el problema debemos tener en cuenta algunos elementos que no son secuenciales sino interactivos, pues con frecuencia una decisión posterior nos exigirá replantear decisiones anteriores. Estos elementos son: